2º Domingo Ordinario
SALUDOS CORDIALES
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Paz y bien,
Nos encontramos celebrando la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del año 2026 (del 18 al 25 de enero), fiesta de la conversión de San Pablo. El lema de este año es “UN SOLO ESPIRÍTU. UNA SOLA ESPERANZA”, que gira en torno a la fe que nos une. Estas oraciones son una ocasión privilegiada para pedir junto a los hermanos de otras Iglesias y con el Señor por la unidad al Padre. El Papa León XIV proclama año jubilar Franciscano por los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, concediendo indulgencia plenaria a todos los templos y oratorios de la familia Franciscana. Desde el 10 de enero del 2026 al 10 de enero del 2027, se puede vivir en todos los templos y oratorios de la familia Franciscana, entre ellos el nuestro, si se cumplen las condiciones habituales.
Feliz domingo y que Dios os bendiga.
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LITURGIA DE LA PALABRA
- PRIMERA LECTURA – Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación.
Lectura del libro de Isaías 49, 3. 5‐6
Me dijo el Señor: «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».
Y ahora habla el Señor, el que me formo desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios.
Y mi fuerza era mi fuerza: «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra». Palabra de Dios.
- SALMO RESPONSORIAL – Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10
- Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios, entonces yo digo: «Aquí estoy». R.
«‐Como está escrito en mi libro‐ para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.
He proclamado tu justicia ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R.
- SEGUNDA LECTURA – A vosotros gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1‐3
Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Palabra de Dios.
- EVANGELIO – Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29‐34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: ”Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios». Palabra del Señor.
COMENTARIO PASTORAL
La voluntad de Dios
“Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. En el lenguaje bíblico, el cordero evoca la mansedumbre y el sacrificio ofrecido por amor. Jesús es presentado como aquel que carga sobre sí el pecado, la culpa y las heridas de todos, no para condenar, sino para liberar. En Él, Dios se acerca con ternura a la fragilidad humana y abre un camino de reconciliación y vida nueva.
Juan reconoce a Jesús porque ve descender sobre Él el Espíritu como paloma y permanecer en Él. Ese Espíritu es la señal de que Jesús viene a bautizar “con Espíritu Santo”: no solo con agua, sino también con una vida nueva que nace de Dios. Por el bautismo, cada cristiano participa de esa unción y recibe la fuerza del Espíritu para vivir como hijo de Dios, formando parte de un pueblo que vive la santidad y experimenta, desde esa fuente, la fuerza de su caminar. El Espíritu Santo vendrá sobre ti no es solo una frase, es una promesa diaria.
El profeta Isaías pone en labios del Siervo estas palabras: “Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso… te hago luz de las naciones”. Esta misión no se limita a un pequeño grupo, sino que se abre hasta los confines de la tierra. Lo que Dios hace en uno, quiere derramarlo sobre muchos. Así ocurre con el bautizado: llamado por su nombre, amado personalmente, pero enviado a ser luz, consuelo, presencia de Dios en su entorno. La santidad no es huir del mundo, sino dejar que la luz de Cristo se refleje en la vida cotidiana.
Este domingo, la invitación es contemplar al Cordero de Dios y dejar que su mirada alcance lo más hondo de la vida. Reconocerlo como Hijo de Dios también es redescubrir la propia vocación: hijo, hija amada, llamada a ser luz. Que cada uno pueda decir con confianza: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, y dejar que el Espíritu Santo lo fortalezca para vivir y compartir, día a día, la salvación que llega hasta los confines de la tierra.